Cuando están en 3º y 4º de Educación Primaria acuden a la biblioteca regularmente con sus profesores a realizar actividades y durante los recreos libremente para curiosear o leer un rato.
En 5º y en 6º van seleccionando los préstamos por temas de interés o aficiones (tenemos un botoncito con un libro abierto en la aplicación Abies que nos sirve maravillosamente para ver qué leen nuestros estudiantes)
Antes de que acabe el curso de 6º de Primaria los llevamos a ver la biblioteca del Instituto y se comprometen a seguir utilizándola regularmente, encantados de que encuentran algo conocido y estimulante en un medio nuevo en el que van a ser los últimos monos cuando ahora, en 6º, en su colegio actual son los mayores.
Durante el primer trimestre de 1º de ESO los seguimos viendo por la biblioteca en la mayoría de los recreos (incluso a algunos los estimulamos para que dejen de venir tan asiduamente y se enfrenten al patio y al resto de los compañeros/as.)
También los vemos durante el curso de 2º de la ESO; ya menos frecuentemente y ya con menos ganas de llevarse nada de la biblioteca. Algunos sólo vienen cuando llueve o hace frío, pero los seguimos viendo de vez en cuando y nos cuentan cómo les va... (siguen siendo aún nuestros locos un poco menos bajitos)
De pronto desaparecen... de los recreos, del ordenador de la biblioteca,... perdemos la pista totalmente...¡Se los traga la tierra!
Nos volvemos locos ... ponemos reclamos con carteles maravillosos de novedades incluso en el patio... nada... no están.
Los profesores de Lengua y Literatura nos comentan que chicos, que nosotros teníamos desde la biblioteca por buenos lectores, con un perfil lector variado y rico, ahora no leen ni siquiera los libros obligatorios de las asignaturas en que hay que hacerlo.
¿En qué nos estamos equivocando?
En el libro de Guadalupe Jover, que acabo de adquirir, y que tan bonito y sugerente títuto tiene, seguiremos buscando respuestas.
Ayer por la mañana, en el Instituto, me llevé una agradable sorpresa.
Mis locos bajitos, ya no son tan bajitos ni están perdidos.
Van bajando con sus profesores a la biblioteca a ver la exposición de cómic y luego, a la hora del recreo, van viniendo en manadas a que se los prestemos.
Y lo mejor es que no son unos pocos, sino una gran mayoría. No sólo se llevan en préstamo los comics de la exposición, sino que nos ofrecen para exponer los suyos propios.
Hemos tenido que pedir a la biblioteca municipal una nueva remesa de manga porque se nos quedó corto enseguida y he visto la ilusión reflejada en la cara de mis locos no bajitos mientras miraban comics de diferentes estilos y países.
Tal vez aquí hayamos encontrado un camino por explorar que nos lleve a recuperar lo que creíamos que habíamos perdido.
¡Quién sabe! ¡Seguiremos buscando!