Durante el mes y pico que he estado perdida por esos mundos recorriendo con mi hija pequeña los lugares de mi infancia para que no se olvide de su historia más cercana, fui a dar en esta taberna, preciosa y alegre, que se encuentra en el centro de Málaga, en la calle Granada..entré por el nombre, porque El Piyayo traía recuerdos de mi niñez, en forma de un largo poema, que me sabía de memoria, a cortas estrofas, por las veces en que mi padre, que era un gran recitados, me las iba desgranando, verso a verso, cuando me costaba tanto trabajo comer.
En el reverso de la carta, menuda sorpresa, encontré el poema entero..me embargó tanto la emoción, me puse tan contenta y le hice tantos aspavientos, que el pobre camarero se vio obligado a regalármelo...
EL PIYAYO
¿Tú conoces al
"Piyayo",
un viejecillo renegro,
reseco y chicuelo;
la mirada de gallo
pendenciero
y hocico de raposo
tiñoso…
que pide limosna por
"tangos"
y maldice cantando
"fandangos"
gangosos?
¡A
chufla lo toma la gente
y a mi me da pena
y me causa un respeto imponente!
Ata
a su cuerpo una guitarra,
Que chilla como una corneja
Y zumba como una chicharra
Y tiene arrumacos de vieja
Pelleja.
Yo le he visto cantando,
Babeando
De rabia y de vino,
Bailando
Con saltos felinos
Tocando a zarpazos,.
Los acordes de un viejo"tangazo"
Y, a sus contorsiones de ardilla,
Hace son con la sucia calderilla.
¡
a chufla lo toma la gente
y a mi me da pena
y me causa un respeto imponente!
Es su extraño arte
su cepo y su cruz,
su vida y su luz,
su tabaco y su
aguardientillo…
y su pan y el de sus
nietecillos:
"churumbeles"
con greñas de alambre
y panzas de sapos.
Que aullan de hambre
Tiritando bajo los
harapos;
Sin madre que lave su
roña;
Sin padre que
"afane"
Porque pena una muerte
en santoña;
Sin mas sombra que la
del abuelo…
¡poca sombra, porque es
tan chicuelo;
en el altozano
tiene un cuchitril
¡a las vigas alcanza la
mano;
y por lumbre y por luz,
un candil.
Vacia sus alforjas
Que son sus bolsillos,
Bostezando los siete
chiquillos,
Se agrupan riendo.
Y entre carantoñas les
va repartiendo
Pan y pescao frito,
Con la parsimonia de un
antiguo rito:
¡chavales!
¡pan de flor de harina!
Mascarlo despasio.
Mejo pan no se come en
palasio.
Y este pescaito, ¡no es
na?
¡sacao uno a uno del
fondo del má!
¡gloria pura él!
Las espinas se comen
tamié,
Que to es alimento…
Asi….despasito.
¡no llores, Manuela!
Tu no pués, porque no
tiés muelas.
¡es tan chiquitita
mi niña bonita!..
así, despasito.
Muy remascaito,
Migaja a migaja, que
dure,
Le van dando fin
A los cinco reales que
costo el festín.
Luego entre guiñapos
durmiendo,
Por matar el frío, muy
apiñaditos.
La Virgen María
contempla al "Piyayo"
Riendo
Y hay un Angel rubio que
besa la frente
De cada gitano chiquito.
¡A chufla lo toma la gente!…
y a mi me da pena
y me causa un respeto
imponente!
Ahora he podido buscar al autor y espero que mis niños lo conozcan y lo disfruten como lo hice yo en mi infancia
Luna, José
Carlos de (1890-1964).
Escritor español nacido en Málaga y fallecido en
Madrid. Es autor de una prolífica obra poética muy influida por la tradición
popular, especialmente la de sabor andalucista, y por algunas obras de Lorca y
Villalón. Entre sus libros poéticos destacan El
Cristo de los gitanos (1932) y El
café de Chinitas (1939). Escribió además ensayos sobre temas andaluces,
como la Historia de Gibraltar (1944)
y Los gitanos de la Bética (1951).
Cultivó también la comedia de tipo neopopularista y de tema fundamentalmente
andaluz.